Manchas

 






Recuerdo… si, recuerdo haberme despertado como todos los días, también el cómo iba de camino a mi trabajo y si, iba apurado por que llegaba tarde. La ciudad, por milagro parecía vacía, muy pocas personas andaban en la acera y ni hablar de las calles. La falta de vehículos me hacía observar hacia todos lados sin preocupación, pero un auto —El cual juro haberlo visto quieto y estacionado— sin un aparente conductor me impactó con fuerza por un costado, dejándome inconsciente.

No sé dónde estoy, ni siquiera sé cómo llegué aquí. Lo único que recuerdo es el impacto, pero este lugar… no luce como el centro de la ciudad, no luce si quiera como un lugar cercano a la ciudad. Mi mente parecía estar en un shock mental; cualquier recuerdo anterior a esta mañana, simplemente no existía. Era un lienzo en blanco.

Todos estos árboles rojos, con tonalidades diferentes me confunden, pero si mi daltonismo no sufrió un radical cambio, estoy seguro que eran arboles con hojas rojas, rosas, bordo, vino e incluso algunas de un carmesí tan intenso y vivo que parecían estar iluminadas sin necesitar del sol. Estas hojas eran sujetadas por unas ramas que venían de troncos tan torcidos, que lucían como si demasiados arboles delgados se absorbieron, causando una simbiosis de la naturaleza de lo más grotesca, formando una deforme figura, todos estos, de un marrón casi siena. La mayoría tenían unas raíces demasiado gruesas, tanto así que incluso simulaban muy bien la apariencia de brazos humanos, brazos tan largos, pero con unas espontaneas curvas, las cuales lucían como múltiples codos. Tales raíces, estaban incrustadas en la tierra de una manera tan brusca, que la tierra a su alrededor lucia como si hubieran sido introducidas recientemente, pero algo llamó mi atención, rastros de concreto se lograban encontrar en algunos lados, aun podía ver como estas tenían muestras de las pinturas que se pueden ver en las calles de cualquier ciudad ¿Son estas, muestras de una civilización pasada? Aunque los rayos del sol iluminen todo este escenario y tal vez en otra situación agradecería el poder ver la belleza que posee, sin embargo, en esta circunstancia lograba inquietarme.

Caminé tal vez horas, mi miedo aumentaba al ver que a pesar de que mi reloj biológico me decía que ya debería haber oscurecido y que en momentos pensé que estaba caminando en círculos, ya que la cantidad de árboles no disminuía; el sol, me decía todo lo contrario y que, a pesar de estar completamente desorientado, aún tenía la certeza de saber que solo caminé en línea recta.

Pronto descubrí pilares de concreto que eran sostenidos por unas oxidadas varillas de metal, al encontrarme con una, me encontré con otra un poco más alejada y tras descubrir varias construcciones, visualice algo, que, en mi mente, no podía decidir entre alegrarme o preocuparme; una gran pared, con un techo casi inexistente, los cuales provenían de alguna construcción, el cual asumo, que debería tener un origen humano.

Aunque, algo llamaba mi atención, algo qué, me daba esperanzas. Dibujos, que decoraban toda la pared, grandes siluetas negras, de aspecto humanoides, todas en diferentes posiciones, de diferentes tamaños y con diferentes características poco visibles. Al tocarlos, me di cuenta que parecían estar hechas por un pigmento parecido al carbón, mis dedos se mancharon al tacto inmediato con estas y aunque quise limpiarme, no salía de ninguna forma. Conforme mis pies se cansaban, me encontraba con grandes cantidades de paredes, pilares, techos; todos estos infestadas de estas siluetas, pero el silencio en el lugar me generaba una kenopsia, tan fuerte, que hacía mis piernas temblar; la sensación de ser observado me volvía loco. El sol parecía empezar a ocultarse y la luz se volvía cada vez más tenue.

Un fuerte crujir se escuchó a mi espalda, causando que me gire de inmediato, pero traté, por dios, juro que traté de mirar en dirección del sonido, pero mi cabeza simplemente se frenó a medio camino, como si mi instinto de supervivencia me gritara a todo pulmón no hacer contacto visual con lo que sea que estaba allí; un silencio se mantuvo y como si mis oídos se potenciarán por la adrenalina corriendo por mis venas, podía escuchar como el sudor recorría mi rostro. Otro gran crujir de ramas volvió a invadir el lugar y seguido de esto, como si algo increíblemente pesado se moviera, hizo retumbar el suelo; estruendos, como si de pasos de gigantes se trataran, acompañadas de hojas que se sacudían sin parar y ramas rompiéndose una y otra vez; me dejaban aterrado. Aun así, lo que lograba hacer que mi corazón bombee sangre al nivel de que pensaba que me daría un paro cardiaco, fue gracias a mi visión periférica, la cual captaba como algo alto y ancho se movía; apurado y errático.

Cuando salió de mi visión periférica y el sonido cesó, mi barbilla giró lentamente y aunque el tiritar de mis piernas ya había invadido todo mi cuerpo, con todo mi esfuerzo vi a esa cosa directamente; Un árbol torcido, al parecer, ya en sus últimos años de vida, dividido en más de una parte, que, si no fuera por su base, la cual las unía de manera milagrosa en uno solo, estoy seguro que se caería a pedazos. Sus raíces estaban completamente expuestas y parecían mantener el árbol en pie gracias a, que aun sin estar penetrando el suelo, funcionaban como su sostén al estar apoyadas superficialmente en este. Me sugestioné, estaba seguro que fue solo eso, al creer ver que, esas raíces terminaban en unas manos completamente deformes y bizarras.

El silencio protagonizó tal vez el minuto más largo de mi vida, mis ojos se cerraban constantemente por todo lo sucedido, como si se tratara de un tic ¡Me era imposible controlar! Entonces, un último crujir sucedió; mire directamente al árbol… y cada vez que parpadeaba, veía al maldito árbol inmóvil, hasta que me percaté de algo que hizo orinarme encima, como si se tratara de una animación a la cual le faltaba partes, esa cosa se movía cada vez que parpadeaba, cada… maldita… vez que parpadeaba, pero no, no se movía en una dirección, sino, lo que mis ojos lograban ver, era el cómo esta cosa comenzaba a voltearse, como si quisiera mirarme y allí me forcé a no pestañear más. Eso se quedó inmóvil, quizás los primeros segundos, pero mi respiración agitada empezó a ser notoria, el miedo que poseía era audible a metros de mí. Esa cosa giró completamente, dejando ver que tenía una especie de tumor rojo, que latía bruscamente, una gran risa aguda que rechinaba en mis oídos salió de esa cosa, una risa con un tono burlón y malvado. Un gran punto se formó dentro del tumor, el cual parecía señalar en mi dirección, entonces, eso… eso habló.

—La comida… se hizo encima—. Fueron las palabras que pronunció esa voz aguda y maliciosa, seguida de otra carcajada.

Mis piernas tomaron la iniciativa en el momento correcto y corrí como nunca en dirección contraria de esa cosa, pero mientras pasaba árbol tras árbol, mi cabeza logró hacer chispa demasiado tarde…

—Comida… comida… comida —Eran las palabras que todos los árboles que dejaba atrás comenzaban a soltar.

Solté un grito de espanto mientras corría y ver como la oscuridad se cernía sobre todo el lugar, me produjo un llanto como el que nunca tuve.

Sin darme cuenta, exhausto, llegué a un lugar alejado de árboles, donde paredes con sus dibujos, me rodeaban, a unos metros de mí, un cacharro, el cual, por la poca iluminación, parecía antes haber sido algún tipo de automóvil, estaba inerte frente a mí. Caminé hacia él, dando pasos lentos y silenciosos, pero un sonido, como si estuvieran raspando concreto con un tenedor, provino de atrás y en el momento en el que quise averiguar de que se trataba, visualicé cómo estas siluetas trataban de salir de las paredes, luchando y forcejeando abandonaban su forma plana y adquirían una desnutrida fisionomía.

El cómo estas cosas, que ahora yacían como sombras grotescas, me perturbaba. Empezaron a acercarse como si de muertos vivientes se tratara, casi arrastrándose hacia mí, dejando atrás un rastro negro, mientras producían ese sonido de lo que ahora estaba seguro que era como si se raspara carbón en el suelo. Expulsaban unos balbuceos de los cuales no podía entenderles nada, casi como si se trataran de moribundos lamentándose. Al estar paralizado por todo lo que veía, no pude percatarme de como una de estas siluetas, había llegado hacia mí, intentó agarrarme, pero en respuesta solté una patada que solo lo atravesó, dejando mi pierna manchada de lo que sea que están hechos. Corrí hacia el auto, donde me encerré, el cual, para mi suerte, estaba bien sellado gracias a la chatarra que estaban pegadas a las puertas y aunque no parecía haber forma de que entren, no lograba sentirme ni siquiera un poco seguro. Estas sombras comenzaron a mover el auto, mientras se lamentaban, de pronto, un gran ruido logró opacarlos, ramas crujiendo una y otra vez; comenzaban a aproximarse, hasta que sentí una fuerte embestida y mientras el auto era volteado, cerré mis ojos.

—¡Espera! Escuché algo —. Dijo una voz un poco lejos de mí.

Abrí los ojos y me encontré con el mejor Deus ex machina que me pudo pasar, me encontraba en mi auto, el cual estaba al revés, mientras colgaba con mis brazos tocando el techo de este.

—Pero, yo revise el auto, no había nadie, ¡Te lo juro! —. Dijo un bombero a su compañero mientras lograban sacarme del interior.

—Amigo ¿Estas bien? —. Preguntó el bombero que me llevaba rápidamente a la ambulancia.

—¿Qué me pasó? ­—. Pregunté desorientado.

—Al parecer un auto te chocó, están pasando cosas extrañas en la ciudad, así que fuiste el único herido en el lugar, de hecho, fuiste el único encontrado en el lugar.

—El tal vez hizo la transición, ¡Justo como el otro conductor! —Agregó el bombero que parecía ser mucho más joven y novato que su compañero.

—No metas tus teorías conspirativas en esto, niño.

—¿Que hice qué?

—Nada, no le prestes atención —. Dijo mientras me colocaban cuidadosamente dentro de la ambulancia y cerraban las puertas.

El medico comenzó a hacerme preguntas de rutina, para ver qué tan lucido estaba, pero me decía que mejor no hablara demasiado, ya que parecía tener algún que otro hueso roto.

—Es un caos la ciudad —Dijo el médico al conductor.

—No entiendo que está sucediendo, pero estamos incluso escaseando de personal —Respondió el conductor.

—La gente simplemente está desapareciendo, se esfuma sin dejar rastros —, Mis ojos se abrieron como si de dos faros se trataran —Nadie entiende nad… —. Dijo el doctor antes de ser interrumpido.

—¿Cómo que se esfuman? —Pregunté.

—Si, solo se van.

—¡Mira ese idiota como maneja! —, Dijo el conductor mientras se preparaba para tocar la bocina del vehículo —¡Estúpido hijo de…!

Fueron las palabras exactas del conductor antes de tocar la bocina y en el momento exacto, simplemente se esfumó. Ambos quedamos atónitos, hasta que de pronto escuchamos un fuerte claxon, proveniente de lo que seguro se trataba de un camión y cuando impactó, todo se volvió negro nuevamente.

Sobrevivir… en el momento que abrí los ojos, supe muy bien, que el haber sobrevivido a esos choques, fueron los errores más grandes que la vida pudo darme, ¿Segunda oportunidad? ¿Habría una tercera? En ese momento, cuando me encontraba boca abajo otra vez, pero ahora en el vehículo de chatarra, rodeado de sombras que balbuceaban sin parar, pensé que tal vez habría una diminuta oportunidad para mí, oportunidad que se desvaneció, cuando el sonido de raíces quebrandose una y otra vez se acercaban de distintas direcciones, mientras muchas voces repetían al unisonó…

—Comida.